Frío extremo expone la realidad de quienes viven en las calles de Aconcagua
Bajo puentes o en rucos, muchos de ellos improvisados, hombres y mujeres conviven con el frío, la soledad y la incertidumbre, aunque también con historias de esfuerzo y esperanza que reflejan las ganas de conseguir una nueva oportunidad.
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Las bajas temperaturas registradas en el valle de Aconcagua evidencian una realidad que suele permanecer oculta a la vista de todos. En las provincias de Los Andes y San Felipe se activó por cuarta vez el Código Azul y los equipos sociales y policiales se adentraron en los rincones más fríos de las ciudades para tender una mano a quienes duermen a la intemperie. Fue así como se llegó debajo del puente David García, donde el viento cala hasta los huesos y donde habita un grupo de personas que lucha día a día contra el olvido. Entre ellos se encuentra José Fernando González, un hombre que personifica la dura realidad de la calle, pero también la urgencia de ser escuchados.
"Muchas veces para la sociedad somos invisibles; la gente nos da una moneda solo para que no molestemos, pero nadie se acerca a preguntar si uno está enfermo, si tiene ropa de abrigo o si ha podido comer algo en el día", comentó José Fernando.
Este hombre, que llegó desde Rancagua y lleva seis años viviendo debajo del puente tras una difícil desconexión familiar tras cumplir una condena en la cárcel, es el reflejo de que el desamparo no siempre significa resignación. Su historia es hoy un testimonio de resiliencia y esfuerzo, ya que ha logrado por su cuenta regularizar sus papeles, acceder a controles médicos y conseguir un trabajo.
"El Código Azul salva vidas ahora, pero los programas del gobierno suelen ser limitados. El verdadero desafío es llevar la salud y el apoyo directamente al terreno durante todo el año, porque las necesidades de la calle no desaparecen cuando termina el invierno", señaló José Luis Montenegro, integrante de la agrupación “Calle Solidaria”.
El frío de la noche se mitiga con la esperanza de José Fernando, quien demuestra que detrás de los rucos que muchos prefieren esquivar, hay una vida buscando salir adelante.
El despliegue en Los Andes busca entregar abrigo inmediato como mitigación a las bajas temperaturas, pero también y más importante, abrir una ventana de atención para un trabajo de acompañamiento psicosocial que los ayude a dejar la calle.
La presencia del Estado y de las agrupaciones comunitarias en los rucos, puentes y donde haya persona en situación de calle, es un salvavidas fundamental en los meses más duros. Sin embargo, el gran llamado de quienes caminan junto a ellos es a no normalizar la vulnerabilidad y a mantener el compromiso social activo los 365 días del año, entendiendo que la dignidad humana no depende de una condición climática.
el viernes pasado a las 18:14
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Bajo puentes o en rucos, muchos de ellos improvisados, hombres y mujeres conviven con el frío, la soledad y la incertidumbre, aunque también con historias de esfuerzo y esperanza que reflejan las ganas de conseguir una nueva oportunidad.
hoy a las 18:41
El patrimonio arqueológico, la memoria oral y las tradiciones campesinas serán parte de una jornada abierta a la comunidad que propone redescubrir el significado cultural de una de las celebraciones más arraigadas del invierno















































